El sueño de volar

30.03.2017


El sueño de volar es algo que todos hemos tenido desde nuestra más tierna infancia. Sí, no te rías. Aunque no te acuerdes bien, los superhéroes de las películas y los pájaros del parque inspiraban tus fantasías y tú te imaginabas flotando en el aire y desafiando a la ley de la gravedad.
 
Vale, ya sabemos que lo de los aviones se inventó hace muchas décadas, y que los hermanos Montgolfier surcaron los cielos de París en el siglo XVIII. Pero no nos referimos a eso; ir en un avión hoy en día ya no supone una experiencia realmente emocionante, y lo de los globos no está tan accesible como nos gustaría.
 
Un momento, ¿globos? Vale, los globos aerostáticos no están accesibles, pero ¿los globos de helio? Sí, ésos que les encantan a los niños pequeños y que hay que atar al dedito para que no se escapen hacia arriba. Ésos sí que están más a mano, ¿verdad?

 
Pues algo así es lo que debió de pensar Larry Walters, un camionero americano cuyo sueño, desde pequeño, era surcar las alturas. De hecho, entre sus planes siempre había estado el de convertirse en piloto de avión, más concretamente de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos. Eso sí que le parecía emocionante, y se imaginaba volando a toda velocidad en misiones peligrosas en busca de alguno de los malos. Por desgracia, al hacer las pruebas para piloto, su miopía le descartó inmediatamente y vio su sueño de volar interrumpido, al menos de momento.
 
Y es que a Larry siempre le fascinaron las alturas, y no se iba a rendir tan fácilmente. Era cuestión de imaginación y tenacidad, y la manera de llevarla a cabo parece que se le ocurrió visitando una tienda militar, donde vio unos globos de helio, de los que se usan en meteorología (un poco más grandes y robustos que los globos de los niños), flotando en el techo.
 
¿Cuántos globos harían falta para levantar a una persona en una silla? ¿Cómo iba a controlar la altura a la que se elevaba y cómo podía descender de un modo seguro?

Parece que Larry lo tenía todo calculado, o eso parecía, y compró unas cuantas decenas de globos de helio. Obviamente, para una compra de tal envergadura había que justificarse; no podía decir que quería amarrarlos a su silla y comenzar a volar, así que dijo que eran para grabar un anuncio de televisión.
 
Y, entonces, se puso manos a la obra. Como decíamos, parecía que lo tenía todo bien planificado, y por eso había preparado algunos víveres para llevar durante su trayecto y, también, un rifle para disparar a los globos cuando quisiera ir descendiendo. Infló los globos con helio, los amarró a una silla de jardín y, con la ayuda de unos amigos, emprendió el vuelo.
 
Lo que él pensaba que iba a ser un plácido vuelo, a pocas decenas de metros de altura, poco a poco se le fue de las manos. De hecho, se calcula que subió a casi 5.000 metros de altura en los primeros minutos, y el viento helado le comenzó a dirigir de un modo un poco impreciso por toda la ciudad de Los Ángeles.

 
Pasados tan solo unos minutos, Larry ya había perdido el control de su silla voladora y, además, también había perdido las gafas, por lo que se sentía muy desesperado. Por si esto fuera poco, comenzó a acercarse a las zonas aeroportuarias de la ciudad angelina, y los pilotos que sobrevolaban la zona empezaron a enviar informes a las torres de control, ya que esto suponía, además de algo completamente loco, mucho peligro.
 
Después de unos pocos bandazos más en el aire y de conseguir explotar parte de los globos de helio, nuestro querido Larry empezó a perder altura hasta quedarse enganchado en unos cables de alta tensión, lo que le permitió alcanzar el suelo de un modo más o menos seguro. Obviamente, la policía ya le estaba esperando, esposas en mano, aunque sin saber bien de qué le podían acusar. Finalmente fue condenado por violar el espacio aéreo federal, aunque la multa no fue tan grande como podía imaginarse, y solo tuvo que pagar 1.500 dólares.
 
Seguramente esto no fue un gran castigo para Larry. Él había tenido un sueño desde pequeño y, a base de ingenio y tenacidad, consiguió llevarlo a cabo. Había volado, y lo había hecho pilotando una especie de nave que él mismo había construido.
 
Con esto no te queremos decir que, si quieres volar, solo tienes que inflar unos globos y atarlos a tu silla. Ni mucho menos. Esto es algo muy peligroso que puede poner en riesgo tu vida y la de otras personas. Lo que queremos es que sepas que el sueño de volar, de un modo mucho más seguro que el de Larry y sin tener que estar atado a una silla, es posible y lo puedes llevar a cabo ya.

 
Solo tienes que venir a nuestro túnel de viento y dejarte llevar. No te subiremos hasta esos 5 kilómetros de altura, ni te haremos pasar ese frío helador, ni tampoco perderemos tus gafas. En Hurricane, lo que tendrás es solo la parte buena, la de volar. Y lo harás por ti mismo, flotando sobre nuestro potente chorro de aire en el que es el túnel de viento más grande de toda España.
 
Larry Walters cumplió su sueño. Nosotros queremos que tú también cumplas el tuyo; el sueño de volar.
 
 

Hurricane newsletter

Suscríbase para recibir noticias y ofertas exclusivas