Cómo vuelan al otro lado del charco: el rito de los voladores

23.02.2017


El deseo de volar siempre ha estado ahí, cerca de nuestra mente y de nuestras aspiraciones. Es una cosa que nos lleva quitando el sueño –o, mejor dicho, inspirando sueños– desde hace siglos. Además, lo de flotar en el aire cual pajarillo no era un capricho de un único lugar. Todos queríamos alzar el vuelo, independientemente de dónde estuviéramos, de cuál fuera nuestra cultura o de qué religión profesáramos.
 
Muestra de eso es que al otro lado del charco también querían volar. Y, en cierto modo, lo consiguieron. Porque, desde hace unos cuantos siglos, los pueblos indígenas mesoamericanos llevan practicando lo que se llama el rito de los voladores.
 

¿Qué es el rito de los voladores?

 
El rito de los voladores es una danza ceremonial que se remonta a los tiempos prehispánicos y que sigue permaneciendo viva hoy en día. Sus orígenes no están del todo claros, aunque se tiene constancia de su existencia desde el periodo preclásico de las civilizaciones centroamericanas. Esto quiere decir que estamos hablando de un rito que tiene miles de años de historia.
 
Por su parte, se cree que el significado de esta danza también ha ido variando con el tiempo. Probablemente, en sus inicios estaba relacionada con la naturaleza y, particularmente, la lluvia, aunque también se le vincula con determinadas ceremonias y sacrificios religiosos.
 
Lo que sí parece estar más claro es que era un rito practicado por muchos pueblos, no por uno solo, y que su presencia se extendió por territorios que hoy podemos identificar con México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Belice, Nicaragua y Costa Rica. De todas maneras, con la llegada y dominio de los españoles a partir del siglo XVI, esta ceremonia fue perdiendo fuerza, al igual que tantas y tantas costumbres de los pueblos indígenas americanos. Pero hemos tenido la suerte de que en algunas zonas sí que han conservado esta tradición, por lo que aún se puede permanece viva en distintas zonas de México y Guatemala.
 
De hecho, son muchos los esfuerzos para que este rito no se pierda; hay escuelas en las que los futuros voladores comienzan a aprender y practicar la danza desde bien pequeños y la UNESCO ha declarado el rito de los voladores como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, lo cual da una idea de la relevancia y de la belleza de esta peculiar ceremonia.


 
¿En qué consiste el rito de los voladores?
 
Si tenéis curiosidad por saber cómo lo hacen para volar, os lo vamos a explicar a continuación. La base de esta ceremonia se centra en un poste vertical, que se llama palo volador y que tiene unos veinte metros de altura. A esta altura es a la que suben los danzantes voladores, que suelen ser cinco, ataviados con los trajes tradicionales y dispuestos a comenzar con su bonita danza.
 

Hemos dicho que los danzantes son cinco, y esto se debe a que hay un danzante llamado caporal, que es el que se sitúa en el centro de la cima del palo volador, y cuatro danzantes voladores, uno por cada punto cardinal.

El caporal es el encargado de dirigir la ceremonia, y lo hace con la música de una pequeña flauta y un tambor, y con señales rituales para coordinar los movimientos de los voladores.

Estos, cuando comienza la danza, se descuelgan lentamente desde la cima del palo a través de una cuerda que tienen atada a la cintura, y comienzan a girar alrededor de éste hasta completar 13 vueltas cada uno, un total de 52 vueltas entre los cuatro. Los números, de nuevo, no son casuales, sino que se corresponden a los 52 años del calendario mesoamericano.
 
Al comienzo de la danza los giros son más cortos, ya que la cuerda no se ha desplegado del todo, pero según van cayendo, y según avanza la música, los giros van aumentando, lo cual hace de esta parte final algo realmente espectacular, que más allá de su significado tradicional y ritual, se ha convertido en toda una atracción turística. Esto no está muy bien visto por los más puristas, pero hay que reconocer que ha servido para que la cultura y la tradición prehispánica llegue a más gente y, de paso, reciba más apoyos para su conservación.




¿Tú también quieres volar?
 
Para practicar el rito de los voladores hay que tener una gran preparación desde pequeño y ser muy valiente, ya que no es la danza más segura del mundo. Y, además, hay que ir hasta México o Guatemala, que tampoco están a la vuelta de la esquina. No te preocupes. Sabemos que te han dado un poco de envidia, pero nosotros tenemos la solución para que vueles como estos danzantes, sin cuerdas y de un modo mucho más seguro. Solo tienes que pasarte por nuestras instalaciones y gozar de un divertido y emocionante vuelo en nuestro túnel de viento.
 
No hace falta que vengas con otros cuatro amigos, ni que sepas tocar la flauta. Y tampoco habrá sacrificios rituales. Solo pedimos que vengas con ganas de disfrutar de de una de las experiencias más espectaculares que vas a sentir jamás.
 
¿A qué esperas para volar?
 

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