La historia del túnel de viento

16.02.2017

Cuando oímos hablar de un túnel de viento pensamos en uno de esos prodigios de la ingeniería, o uno de esos inventos modernos que se utilizan para avanzadísimos estudios aeronáuticos y que, recientemente, están teniendo también su aplicación en el sector del ocio.

Pero, aunque los túneles de viento que veamos ahora en algún vídeo –o cuando nos apetece volar– cuentan con la tecnología más vanguardista, para hablar de sus orígenes nos tenemos que remontar hasta el siglo XVIII. Sí, habéis leído bien. Nada más y nada menos que casi 300 años.


Concretamente, fue en 1746 cuando el ingeniero y matemático inglés Benjamin Robins presentó un aparato que contaba con un brazo giratorio y que desarrollaba unas pequeñas –pero meritorias– velocidades de varios pies por segundo (traducido a nuestro sistema, de entre uno y dos metros por segundo, lo que vienen a ser 4 ó 5 kilómetros por hora).

Unos años después, fue otro ingeniero inglés, George Cayley, quien desarrolló un brazo giratorio con el que logró velocidades un poco superiores. Esto, aunque aún no se podía volar más que en globo, sirvió como buena base para medir la resistencia del aire, algo fundamental en la posterior industria de la aviación. Pero no queremos centrarnos en otros aparatos, ni aviones ni globos, solo en el túnel de viento.

Las investigaciones y avances continuaron y, ya en el siglo XIX, podemos encontrar el primer túnel de viento propiamente dicho. Fue el desarrollado por el británico Frank Wenham, que lo presentó en la Sociedad Aeronáutica de Gran Bretaña en 1871. Éste aún era de un tamaño bastante reducido en comparación a los que tenemos en mente hoy en día, y consistía básicamente en un cilindro horizontal por el que circulaba el aire que era impulsado por una turbina de vapor.

Fueron muchos otros los que consiguieron desarrollar sus propios túneles de viento para distintos proyectos. Entre ellos, los famosos hermanos Wright, pioneros de la aviación, y algunos ingenieros rusos, de nombres tan sencillos y fáciles de recordar como Konstantin Tsiolkovsky y Dimitri Riabouchsinsky.


A partir de entonces, las primeras décadas del siglo pasado, los esfuerzos se centraron en conseguir túneles más grandes y más potentes, porque éstos ayudaban al desarrollo de aviones más grandes y más potentes, coches más grandes y más potentes y, por supuesto, armas más grandes y más potentes. Es bueno tener en cuenta que ésta fue una época de gran expansión industrial y, también, de inestabilidad política a nivel internacional, por lo que este tipo de inversiones (grandes y potentes) eran de lo más normal.

Así, no es de extrañar que tanto británicos como franceses y alemanes comenzaran una carrera que, se puede decir, culminó durante la Segunda Guerra Mundial, cuando estos últimos lograron fabricar un túnel de viento que llegaba a velocidades superiores a Mach 4.

Pero todos éstos eran túneles de viento horizontales. Y a lo que nosotros nos va más son los túneles de viento verticales, ¿verdad?

Es difícil concretar cuál fue el primero, ya que no hay fuentes fiables y son varios los que se disputan tal mérito. Pero lo más probable es que el primer túnel de viento vertical haya sido el de Langley, el centro de investigación que la NASA tenía en Virginia. Este túnel de viento vertical medía unos seis metros de alto y su velocidad máxima era de menos de 100 kilómetros por hora, lo cual no era suficiente para que una persona pudiera volar.

Así que, aunque este túnel de viento fuera muy moderno y muy útil para investigaciones de tipo aeronáutico y militar, aún no era adecuado para que los amantes del vuelo lo disfrutaran. Esto sucedió unos años más tarde, en 1964, cuando Jack Tiffany consiguió flotar en el túnel de viento que tenían en la base aérea de Wright-Patterson, en Ohio, convirtiéndose en la primera persona en volar en uno de estos aparatos.

Pero si queremos encontrar el primer túnel de viento diseñado específicamente para el vuelo de personas nos tenemos que ir hasta 1978. Fue el canadiense Jean St-Germain el que lo ideó, porque quería que sus hijos disfrutaran de esta experiencia. Parece que la idea triunfó, ya que rápidamente le compraron la franquicia. 

El siguiente túnel de viento vertical fue el de Las Vegas, en 1982, y, en ese mismo año, también se abrió otro en Pigeon Forge, Tennessee. Éstos túneles se convirtieron en una excepcional atracción, hasta tal punto que siguen funcionando hoy en día, más de tres décadas después.


Como es obvio, los túneles de viento han mejorado mucho en estas décadas, y no son sólo cada vez más divertidos y más seguros, sino que son mucho más populares. ¡Y también más grandes!

¿Por qué no vienes a Hurricane y pruebas nuestro túnel de viento? Es una experiencia que no te dejará indiferente, porque podrás volar en el túnel de viento de mayor diámetro de toda España. Y ahora que ya sabes un poco de la historia de estos prodigios de la ingeniería, ¡seguro que disfrutas aún más de tu vuelo!
 

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